miércoles, 17 de octubre de 2012

tímidos incendios

Aseguraban cuando pequeño, ciertos libros de texto (o la meliflua monotonía vocal de algunos profesores), que hubo un tiempo en que la península ibérica podía ser recorridaa por una ardilla sin que ésta tuviese que tocar suelo, esto es: de árbol en árbol.

Lamentable devenir el de tan salvaje floresta que hoy parece necesario extirpar para mejor seguir golpeando las puertas de la modernidad y el progreso.

Supongo que los aires de grandeza que tan gloriosa vegetación otorgaba a los nacionales hispanos, se veía amplificada ante el horizonte siempre visible de las tierras que llegaron a confirmar el poderío patrio, ya saben eso de que el sol no se ponía en el Imperio. Prefiero lo de las ardillas, más reducido y amable. Al menos el animalillo de marras no hace más que saltar y saltar en busca de piñones y castañas, si es que son dichos frutos de lo que se alimenta (lo cual ignoro y no tengo intención de averiguar en este momento).

Pero tan salvaje floresta era escueta para nuestros intrépidos conquistadores y decidieron emprender largos viajes, allende los mares, quizás para que las ardillas ibéricas siguiesen dando saltos en busca de alimentos. La Amazonía aparentaba buen comienzo para la maratón del animalillo.

Años después, culminados genocidios, expolios, saqueos y asesinatos, tomaron el relevo los norteamericanos y, poco a poco, a golpe de talonario, fueron haciendo gloriosa plantación en las tierras del sur de américa de dictadores, genocidas, guerrillas y contrabandos, de manera tal que podía afirmarse, hace no mucho, que la supuesta ardilla hispana podría haberse movido desde el golfo de méxico hasta tierra de fuego sin tomar tierra en suelo limpio de sangre: saltando de guerrilla en narcotráfico de expolio en dictadura de paramilicia en violencia urbana de favela en miseria de hambre en carencia...

Intuyo en el apocado carácter boliviano una inmisericorde genética de superviviente, de víctima. Pueda ser que la exposición continua a los salvajes crímenes del mercado y la ambición hayan impreso en los rostros indígenas líneas de temor, asfixia, miedo, respeto, y por eso bajen la mirada cada vez que un extranjero les dirige la palabra.

Tal vez sólo sean prejuicios de extranjero ignorante, 
pero es innegable, 
a priori, 
el carácter reservado del oriundo de estas tierras

Hay excepciones que confirman la regla, por supuesto, pero están más cerca del gen conquistador de los antiguos españoles que del vernáculo propio de quien nació de semilla sembrada en tierra andina. O sea que, como en España, Europa, Occidente, aquel que dispone de plata se permite mirar a la los ojos del interlocutor, e incluso, en ocasiones, por encima de su hombro. Mientras, el que, hastiado de laborar el terruño para mal alimentar a su prole, decide emprender la Gran Aventura de la vida en la ciudad, tiende a esconder la mirada entre los surcos sordos de este vinilo en giro eterno que es el día a día.

Y son libres de opinar 
que continúo arrastrando 
mi poco liviana carga 
de prejuicios de clase

No sabría decir si serán ellos (los callados, los tímidos) quienes emprendan el camino hacia el progreso y acaben tomando las riendas de la propia vida, o serán los amigos de la soberbia quienes emprendan el cambio. Quedaría muy mesiánico decantarme de uno u otro lado y hoy no tengo cuerpo de Mesías.

Pero parece que poco a poco se inician en estas tierras del sur americano incendios que, al contrario de los peninsulares, traen progresía y deseos de avance a los ciudadanos de este inconmensurable continente en el que hoy habito. Sí, no pretendo engañar a nadie, el proceso será lento o no será. Y ahí es donde radica la esperanza: en que el tan cacareado progreso que a medio mundo está abocando a la desesperación, el estrés, la ansiedad, la epilepsia, los crímenes pasionales, el asesinato en masa, la ignorancia, o incluso las carreras universitarias, decía: la esperanza radica en que el carácter pausado y pensativo de los habirantes de gran parte del continente americano haga que el progreso sea lento, meditado, sometido a algún tipo de freno que impida el salto al vacío. 

Y lo dejo ya, porque al final sí que sonará a apostolado todo esto, y nada más lejos de mi intención. Al fin y al cabo sólo pretendía dejar constancia del carácter introvertido y manso del boliviano de a pie. Comprendan que a un español como el que suscribe, tan acostumbrado a los feroces fuegos, le resulten cuanto menos curiosos estos tímidos incendios.

1 comentario:

  1. Amigo, este problema es tan complejo. Se nos escurren entre los dedos las razones de la postración de América. Mucha gente suele pasar por alto que mucho antes de la llegada de los europeos los pueblos amerindios ya estaban siendo explotados. También hubo imperios y genocidios en América antes de la conquista europea.
    Creo que un día vamos a juntarnos, bajo la Cruz del Sur -cómo no-, a analizar las causas y consecuencias de todas estas cosas. América es aún un enigma sin resolver. Pero no me preocupa tanto lo que ocurre en su superficie.
    ¿Has visualizado ya a los gigantes dormidos de los Andes misteriosos? Hay algo fundido en las corrientes telúricas de esta tierra que alimenta la corriente astral del planeta. Ah, Bolivia... te encontrarás un día con el Rey del Mundo caminando entre las calles de sus ciudades. Y pasarás a su lado sin reconocerlo. Nadie lo reconoce...
    Después tendrás que venir más al sur para buscar la Ciudad de los Césares. Ya verás, ya verás...

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te escucho...