jueves, 28 de febrero de 2013

día de difuntos en Arani (breve recorrido fotográfico)

aviso para almas inquietas o poco dadas a la lectura: imágenes al final de la entrada

Arani es un reducido pueblito del departamento de Cochabamba, Bolivia, que se honra de ser la "tierra del pan y el viento". Lo dice wikipedia, esa bitácora de falacias urgentes y realidades a medio hornear, como el pan de Arani, creo que ahí reside su fama bien merecida, y eso lo aseguro yo, que he podido degustar durante una larga noche todas las exquisiteces que las manos centenarias de sus mujeres modelan al ritmo de la quietud y el tiempo perdido (sí, como el de Proust y sus magdalenas, que poco o nada tienen que ver con el pan de Arani salvo, quizás, en la ineludible capacidad que tienen ambas para retrotaer el sentido del gusto a décadas ya perdidas, ésas en que el pan sabía a pan y la leche a leche, por ejemplo).

Lo de aquella noche ya lo dejé dicho, de alguna manera. Hoy recuerdo sin saber por qué y sin gana de explicarme el motivo, las horas en que aquella noche dejó paso al caluroso y estático mazazo de un sol insobornable (y ahí, lo lamento,parece equivocarse, para mí, la wikipedia, porque poco o ningún viento pudo evitar el acartonamiento que en mi piel produjo aquel estallido de luz remitido, con copia oculta saben Dios o el Diablo a quién Demonios, por el mediodía de Arani).

Era la mañana que servía de desorientada continuación a la ebria noche de muertos de Arani, y regueros de bulliciosos paseantes comenzaron a degollar la calma de los panteones y alumbrar de festejo la sombra fresca de los nichos. No digo que no hubiese pesadumbre por el recuerdo de los familiares fallecidos, pero sí que salpicaron su recuerdo, los deudos, con inacabables tragos de chicha que (costumbre obliga) terminó empantanando las tímidas baldosas del cementerio municipal.

Como en cualquier día de difuntos acudieron los familiares al camposanto para adecentar las tumbas de los que ya habían partido. 

De inicio mujeres silenciosas como espátulas humedeciendo de apócrifo riego las paredes de los nichos. Al poco racimos de niños escanciando el vino clarete de su juego entre los montones de arena que indicaban que ahí debajo, a pocos metros, descansaban los cuerpos de las almas que decidieron dejar de luchar en un mundo que no tenía lugar para ellos. Porque en Arani los niños jugaban entre las tumbas, mientras otros niños más niños que ellos (ya niños por siempre) descansaban su lamento de caballito de madera roto bajo el cielo inverso de las raíces del ciprés.

El caso es que paseé yo por entre los túmulos lanzando indisimuladas miradas a las inscripciones que me hablaban de vidas como la mía antes de alcanzar la edad que ahora soporto. Vidas que decidieron hacer un stop en medio del camino, demasiadas apenas iniciado el mismo. Y nadie me miraba mal. Y nadie se ofendía ante el click terrorífico de mi cámara fotografica.

Después llegarían las familias, aún ebrias de la noche anterior, y tras deshollinar de tiempo transcurrido los receptáculos en que habitan los cuerpos sin vida de sus seres queridos, comenzaron a congregar frente a los mismos a niños que ganan un par de bolivianos por tararear un breve y afónico responso, a músicos que ganan un poco más por interpretar al borde de la afonía las canciones que el fallecido más amaba, a extraños como yo que sólo paseaban para intentar comprender el sentido final de este extraño culto a lo desaparecido.

Así pude compartir con ellos tragos de chicha y oraciones que no conocía (ni aún), y breves historias de exilio, migración y añoranza (es lo que tiene ser extranjero y hablar con personas que han hecho del camino su necesidad y no su aventura). Entre trago y trago pude disponer el ojo ficticio de mi cámara fotográfica y disparar disparar disparar como si estuviese defendiendo mi vida para evitar que acabase haciendo compañía a quienes, unos metros bajo tierra, húmedos de chicha, adulterados de recuerdos feroces, mascando con rancia mandíbula raíces de flores que se niegan a vivir más de un par de días, no podían por más que deseasen escuchar las voces de aquellos que alrededor de su nueva morada se daban cita para brindar por los tiempos en que compartían palabra, alegría y daño.

Y a pesar de que no pretendía escribir hoy, de que sólo deseaba dejar que una o varias imágenes tuviesen mayor valía que un puñado de palabras...ya está dicho, ya está escrito, y a buen entendedor pocas palabras bastan. Así que toda esta absurda perorata está de sobra, tal vez como las imágenes que ahora les dejo esperando puedan olvidar de inmediato...



martes, 19 de febrero de 2013

poemas de la quietud (al filo de una herida que sangra)

días de recordar momentos,
infalibles estallidos de lucidez
y efímera gloria,
instantes a la sombra de una charla amiga,
segundos como tormentas
que humedecieron por siempre
nuestro latido

antaño, noches de rock'n'roll
en que lo más importante
no era la música, no,
sino quien a tu lado respiraba
idénticos acordes

hoy esos mismos,
lejanos
pero tan aquí,
sufren latrocinios y tristezas,
y yo sufro sus lamentos,
puedo escucharlos,
a ritmo de rock'n'roll

perdido en la jungla de pixel y fugacidad de "la red" quedó este absurdo articulo con que inauguraba yo mi gratuito recorrido por publicaciones online, a la búsqueda de una identidad que aún hoy sigo sin reconocer como mía...la publicación desapareció y el artículo quedo en nada...hoy recuerdo a los buenos amigos, los buenos conciertos, la cerveza y el hachís, los abrazos, las gargantas gangrenadas de exceso decibélico y ganas de apurar la vida...hoy puedo sentir sus lamentos acariciando el oleaje de los océanos que quisieron disponer, como un ajedrez enfermo, el tablero inconcluso de nuestras emociones...van a conciertos pero ya no sé lo que sienten...miran las noticias y sé muy bien cómo se sienten...nada cambia, todo permanece, para bien...y para mal...brindo por vosotros

IT'S ONLY ROCK'N'ROLL...BUT I LIKE IT!


De nocturno regreso al hogar, tras una noche de rock’n’roll. Con todo lo que ello implica, ya sabéis: música, ruido, euforia, adrenalina desatada, drogas (blandas, de momento), alcohol de alta gradación y…el sexo lo dejamos para más tarde (uno ya no tiene edad para determinadas mezclas).
El caso es que acabo de asistir a un concierto de uno de los personajes más controvertidos, musicalmente hablando, de este bendito país. Realmente, no sé si podría situar la controversia con respecto a Enrique Bunbury en el campo estrictamente musical. Quizás no, tal vez sí. La realidad es que el mencionado cantante se ha ganado, año tras año, trabajo tras trabajo, una fama rebosante, a partes iguales, de ciega pasión y odio desmedido. Yo, que me hallo más cerca del bando de los apasionados defensores, siempre me he preguntado qué hubiese ocurrido de haber nacido el orgulloso bardo en geografías más lejanas de estas en que se ubica nuestra madre patria. De haber desarrollado su carrera profesional en, digamos, Detroit, o Manchester, quizás no hubiese sido acicate para la crítica musical su desaforada avidez por aglutinar y devorar influencias, su estudiada pose de rock’n’roll star, sus premeditadas prepotencias y salidas de tono. Seguramente se le consideraría, únicamente, como a otro representante del show business, con todos los aderezos que a los mismos les son propios. Pero nos hallamos en la ibérica península, en la zona de la misma que consideramos, de manera prepotente e inmisericorde, como mejor y más desarrollada. Y es por tanto preciso que hagamos gala de nuestra bien merecida fama de envidiosos, denostando la fama y merecidos aplausos del artista maño.

No tendría mayor importancia la reflexión que antecede, de quedarse ahí, en una mera alabanza de las bondades musicales del cantante conocido como Enrique Bunbury.
Pero a toda noche de exceso, a cierta edad, y previo a la añorada sesión de sexo suave y adormecedor, antecede un estado de seminconsciencia en que uno gusta de abandonarse a las televisivas interferencias nocturnas. O sea, que veo la tele antes de ir a la cama. Puedo prometer que lo hago por si el concierto de esta noche ha sido de alguna manera glosado por los informantes patrios. Pero es evidente que yerro: la música no interesa ya en este país, salvo si va acompañada de cifras de muchos ceros (y no me refiero al número de asistentes al recital, no). Hace mucho que dejó de interesar, al menos como fenómeno cultural y posiblemente subversivo.

Y es en el noticiario de pasada la medianoche dónde tengo el honor de asistir a ese otro recital con que nos agasajan los políticos nacionales.
Mientras el presidente del gobierno aún juega al aprendizaje de los tiempos modernos intentando adoptar poses de certero y seguro adalid del progreso, los candidatos a opositarle ejecutan extraños pasos de un baile que se me antoja, cuanto menos, grotesco. Resulta que ahora no permanecen impertérritos, tras un atril, frente a un público entregado a cada una de sus obviedades verbales. Ahora gustan de sentirse estrellas, y se pasean arriba y abajo de un escenario dispuesto como si de una entrega de premios musicales se tratase. Pasean, ya digo, por un escenario circular, situado en el centro del recinto a efectos de que podamos observar los rostros embelesados de sus acérrimos seguidores. El presidente, mientras tanto, haciendo gala de su espíritu de sacrificio y capacidad de trabajo, agacha la mirada sobre toneladas de documentos que se pretenden imprescindibles para el avance económico del país y, posiblemente, no escondan más que garabatos e insensateces, páginas en blanco al fin y al cabo. Pero no pueda culparse al presidente de ser un perroflauta dedicada a la risa, la chanza y la algarabía, ¡no!: hay que trabajar duro para conseguir que todos los ciudadanos puedan trabajar duro, conseguir mucho dinero, consumir mucho y pensar cero o nada.

Es observando estas imágenes cuando me asalta el cortocircuito.
Resulta que los políticos actúan como estrellas del rock’n’roll, bien absortos en sus papeles, y como a tales les apluadimos.
Mientras tanto, las estrellas del rock’n’roll son denostadas por falta de humildad, por no comportarse como el vecino del 5º. Discúlpenme, para ver al vecino del 5º no tengo más que bajar un tramo de escaleras, y posiblemente lo haga para ver como solucionamos el problema de las humedades. Pero para ver a un artista de la música me tengo que desplazar a una sala de conciertos (sí, alguna queda) o un estadio, y ni quiero ni pretendo saber nada de su vida y sus sinceras ilusiones, de su capacidad de trabajo o su compromiso con los pobres: necesito música y actitud que me hagan olvidar por unos momentos las inclemencias de los tiempos que corren. Soñar, cantar, entregarme a la euforia, aposentarme en el exceso.

No ha mucho tiempo que Roger Hodson decidió titular uno de los más sonados trabajos de su grupo Supertramp, con el título de “Crisis? What crisis?” Y, hoy, podríamos llamarle visionario. No sólo por el título, sino por el conjunto que este hacía junto a la foto de portada del vinilo en que, un supuesto veraneante disfrutaba de un momento de solaz y reposo en las inmediaciones de un complejo fabril, amparado bajo una sombrilla de la lluvia ácida que arrasaba sus inmediaciones.
                                             Just a Normal Day by Supertramp on Grooveshark
 Viendo las imágenes de nuestros políticos, escuchando sus palabras, estudiando su estudiada coreografía sobre el escenario de la falsedad y la carencia de escrúpulos, me encomiendo a Roger Hodson, y me sonrío ante el recuerdo de aquel disco de Supertramp.

Así que decido olvidar que, a pesar de la huelga general, en Bélgica, contra las medidas de austeridad y el castigo que estas ejercen contra los más desfavorecidos de la sociedad, todos los Jefes de Estado de la Unión han llegado sanos y salvos a la capital del país para participar en la Cumbre (atención al nombre) de la Unión Europea, de la que se esperan decisiones que nos saquen a todos a flote de esta ausencia de valores y medios en que irremisiblemente nos vemos sumergidos.
Se han movilizado todos los efectivos precisos para que un aeródromo militar asegure el cómodo (y gravoso, desde el punto de vista económico) aterrizaje de los distintos potentados.
Se han cortado las calles para evitar que los que salvarán nuestro futuro tengan que ver de cerca el rostro de aquellos a los que ya ningún futuro les queda.
Se han habilitado medios excepcionales para que puedan degustar un suculento menú compuesto por manjares elaborados por los más renombrados (y mejor pagados) chefs de cocina del continente.
Pero ha merecido la pena. Se han trazado las líneas maestras y han conseguido convertir la Cumbre en lo más parecido a un concierto de rock (jet privado en aeropuerto cerrado al tráfico aéreo, cordón policial abriendo paso a la limusina, arrogantes poses frente a los fotógrafos, champagne del caro…¡vamos!, ni los Rolling Stones) mientras en España, y otros países de la Unión y el Desconcierto, quedaban definitivamente varados ciudadanos de tercera que sólo querían desplazarse a sus lugares de origen, o a tramitar los documentos administrativos que les permitiesen continuar disfrutando de la quimera del sueño económico europeo (dígase los ciudadanos de Malí, o Senegal). ¿El motivo? El cese repentino de actividad de una compañía aérea que se había cuidado mucho, con anterioridad, de cobrar los pasajes de los vuelos que no llegarían a realizarse. Los políticos de uno y otro bando (vencedores o vencidos, según si gobiernan u opositan) recogen de su público vítores y alabanzas al prometer castigar a los culpables, o clamar que los contrarios no harán nada por castigar a los culpables. The Song Remains the same, proclamaban Led Zeppelin.

                                    The Song Remains the Same by Led Zeppelin on Grooveshark

¿Puedo permitirme un último alarde de indignación? Yo escribo gratis por ver si algún día puedo alimentarme (no engordar) con el esfuerzo que a tan gratificante labor dedico. Los discursos preparados para nuestros insignes políticos, las asesorías de imagen, los preparativos de la actuación ante “su” público, etc. se pagan bien, muy bien, me consta. Pero me alegra saber que lo hacen con la filántrópica intención de sacarnos de la crisis, ya ven. Yo, al fin y al cabo, no solucionaré jamás nada con las palabras que tecleo.

Creo que a partir de ahora no asistiré a más concierttos. Me bastará esperar las noticias de la noche, en compañía de una botella de whisky de marca blanca. El exceso está servido.

¿Y Bunbury? Pues lo siento por él, que se hubiese dedicado a la política.

                                    El Cielo Esta Dentro De Mi by Bunbury on Grooveshark

domingo, 10 de febrero de 2013

lubricidad del párrafo insomne

Hoy en día no tiene sentido escribir una novela al estilo decimonónico... eso ya está hecho...y sí, enseñan cómo construirla en miles de talleres de literatura... es como una urbanización de adosados clones unos de otros donde sólo la ficción, el engaño, te hace creer que vives en una zona exclusiva y natural... y no... aunque sea lo que se vende o más bien lo que compra el consumidor bien informado que no se deja influenciar por lo que las corporaciones quieren que compre... NO...
extracto de La Cámara de Niebla (Alfonso Xen Rabanal)

dedicado a Maica...que escribe sin más horizonte que el siguiente párrafo

NOTAS PARA UNA NOVELA QUE NUNCA VA A EXISTIR

es así que la noche viene de nuevo a equivocarme los sentidos, absortos y sometidos a un violento vendaval de alcoholes e inconsciencias. No es el metódico y prolongado desarreglo de todos los sentidos que proclamase y pusiese en práctica un iluminado Rimbaud, no, tan sólo es un remedo de la grotesca mueca que practico ante el espejo cuando sé que el vapor de la ducha la desdibujará sin dejar rastro. 
El espejo: catalógo de vacuas vanidades e inevitables fracasos.
Y la noche, decía, provoca que mis músculos busquen sin éxito el aleteo fulgurante y tenso de tus labios, ya abandonados al fragor mudo del sueño

llega la mañana desgarrando el lacre de mis pestañas, con su sinfonía de recuerdos a medio componer y su danza de insensateces venideras. La promesa de tormenta aún permite que un haz de luz violente la habitación para iluminar tu grupa cansada a la que, de inmediato, deseo trepar. Pero no, tú aún estás dormida y respeto el sueño que yo no alcanzo, no tengo. Abandono la fragancia de vino barato y temperatura mal calibrada que es este colchón amordazado por sábanas húmedas y retazos de franela, tirado en mitad de la habitación, y mis manos sorprenden la ilusoria prepotencia de una descabellada erección que anhelo asesinar en tu garganta. Pero tú aún estás dormida y, ya digo, respeto tu descanso, ese preciado bien que a mí me está vetado

mirar ese cuerpo como si fuese otro, no el habitual reflejo que he querido moldear para mis ilusiones, sino el envés del mismo, ese otro lado en que se retuercen las siluetas hasta romper geometrías y afilar deseos. Ocurre, quiero imaginar, porque aún no reconozco estas paredes como las que habitarán mis horas, mis melancolías. Porque es duro regresar a casa y no reconocerla como propia. No es fácil volver al hogar y saber que aún ni siquiera ha tenido tiempo de serlo, que en breve habrás de abandonarlo, que aún no existe en él un hueco privilegiado por tus pensamientos para la lectura, o para escribir sin que la venganza fresca del sol en retirada despierte reflejos incómodos, cegadores, o para masturbarte sin temer ser descubierto por los desconocidos vecinos. Debe ser la razón de este desconcierto que sombrea hoy mis movimientos, en esta mañana de resaca y vértigo en que sólo desearía seguir durmiendo, como tú, profundamente. Aunque no pueda ya nunca hacerlo, como tú, inocentemente

...y las voces del extrarradio aderezando este café mal calibrado que se asoma a la ventana arrebatándome el puesto de vigía que gusto de ejercer, cada mañana montañas al fondo glorieta de nubarrón cauce huérfano de corriente lavadero de basuras, y las cholitas que bajan al valle para vender los productos robados a la Pacha Mama vienen cantando más bien susurrando, siempre la timidez, Bolivia tímida, Bolivia desacompasada en la danza ebria del progreso, Bolivia aún atenazada de miedos y suspicacias, Bolivia me mira desde detrás de las pupilas encogidas de la joven que cesa su canturreo al verme difuminando con mi silueta noctívaga el vano de la ventana, humeando aún el café en la taza de cerámica barata sólo tres bolivianos no más que sostengo entre las manos, pero más baratas las baratijas que, entre legumbres y frutas recién nacidas, porta la cholita que bordea este basural cercano que antaño fuese río y que, quién sabe, tal vez desembocase en un fragante baño de perezas y amaneceres en vez de en este soliloquio turbio de los residuos orgánicos...

despiertas y eres tú, de nuevo, ya no la promesa de lujuria y desvarío que prometía tu figura en la cama, desnuda de consciencia palabras y pijama. Resulta que antes de acudir al cuarto de baño te acercas a posar la promesa de un beso sobre mi cuello desnudo. Y la cholita lo ve, reorienta con descaro, hacia mí, su mirada y me sonríe desde sus 15 años como lo haría...¿quién?, ¿tal vez tú cuando abandones la carcajada subterránea del inodoro que ensucia de eco digestivo las silenciosas paredes de granito?, ¿o quizás esa otra que eras mientras dormías y yo acariciaba el violín de tu cabello para arrancarle notas de amor inacabado?

...y como en una película cuya trama abandonas ante el brutal asedio del sueño las calles comenzarán de nuevo a acelerar su irregular geometría de infectos socavones, asfalto abortado, cañerías asesinadas, al compás irresoluto de la carrera matutina, montado en el taxi, o en el trufi o micro que además de mi cadáver y la gloria de tu mirada porte los desórdenes corporales de viajeros que nunca conocerás aunque compartan escueto espacio contigo, cada mañana, y pensarás en lo sencillo que es acostumbrarse a una vida que carece de todo lo que ayer considerábamos cómodo...tan fácil y suave como ahora cerrar la bombona del gas por evitar esa explosión que nunca llegará pero que de hacerlo nos dejaría sin el hogar que aún no tenemos...

sales del cuarto de baño y el café con leche tres cucharillas de azúcar más leche que café caliente pero que no lastime los labios con exceso de temperatura te espera ya en la mesa, y me besas y preguntas mermelada o huevo y ya sabes  la respuesta y es por ello que me enloquece escuchar la pregunta que has formulado sólo por verme sonreír y decir: huevo...poco hecho...y abrazarte y susurrarte no sé que haría sin ti...aunque en ocasiones seas otra


ES IMPOSIBLE QUE DE AQUÍ SALGA UNA NOVELA
¿NO CREES?