sábado, 24 de mayo de 2014

jornada de reflexión

Pensaba nombrar esta entrada "artesanías del tercer mundo", pero la vertiginosa realidad y su carácter informativo han decidido que eliminé tal título en favor de este otro que encabeza lo que sigue...

En ocasiones me aburro a mí mismo, y me canso de repetir tan vieja tonada de los gloriosos Golpes Bajos que proclamaba, hace ya mucho tiempo, casi una vida, aquello de malos tiempos para la lírica.
Pues sí, para la lírica y para la prosa si ésta no se adocena al calor del € y el ansia de medrar que rigen, hoy, los designios de aquellos que se deciden autonombrar creadores. Porque vivimos tiempos en que el arte, la creación, el sufrido lamento callado del que ante una mesa se postra (o debería) para mejor explicar el mundo a sus iguales, con una diatriba de vocales desordenadas o un improperio de consonantes ebrias, se torna moneda y hueco con que cumplimentar los certificados de defunción del compromiso y el ojo avizor. No entraré de nuevo en la eterna disquisición que nos incita a pensar si es o no necesario, para el artista, ser testigo ocular y dactilar de su tiempo. Yo ya tomé posiciones.

Hoy, esta misma mañana, he tenido la fortuna de recalar, nuevamente, en ese café en que tuve el honor de enredar al humo de mi cigarro mal liado y al espesor del café presentado con desgana la charla mirífica y valiente de un guerrero de la palabra y el compromiso. Conocí a Miguel Sánchez-Ostiz, aquí, en Cochabamba. Ya sólo por eso ha merecido la pena este viaje. Aquí, al arrullo del tráfico tartamudo y las cholitas que venden caramelos usados, pude descubrir a la persona tras el autor y comprender que son el mismo. Lecciones de vida como pocas se honra ésta en ofrecernos.

Me pierdo en la red para contemplar los esfuerzos natatorios de salmones de la literatura que no desean boquear su último suspiro en el caudal oligofrénico del mercado editorial. Asisto al naufragio de sueños de palabras y al suicidio involuntario de frases memorables. Cierran librerías. Autores ejercen de editores publicitando sus obras. Recitales o lecturas en desbandada de oyentes y lectores. Titánicos esfuerzos por encaramarse a la Torre de Marfil de la popularidad. Huecos. Vacíos. Nadas. Y sumerjo una cucharada de azúcar morena (como tu piel, aunque aún no lo sepas) en la batalla del café recién hecho, mientras en la silla vacía que enfrenta mi mirada puedo recordar a Miguel, con su diatriba de memoria y su amargor de carcajada, amando cada una de las palabras que su barba enreda en ordalías de glosa eterna y valiente.

Miguel Sánchez-Ostiz, artesano de palabras que toman forma de flecha quechua o maza de madera navarra...

A Miguel insisto, le conocí en Cochabamba. Miguel (eso no lo había dicho antes), conoció Cochabamba. Tuvo la valentía de sumergirse a pulmón en su pecera de sierpes para mejor desvelar la sucia gema de la belleza que anida el corazón de cualquier vientre. Cochabamba, tercer mundo, su rodear las calles como quien rodea una idea o un descubrimiento científico... hay que ir lejos para encontrarse más cerca y denunciar y afrontar la desidia de los mercaderes y los titiriteros de la cultura, ayer fnac, hoy la central, mañana de nuevo elcorteinglés sección de novedades regale un libro por Reyes y ya nadie se acerca a la verdadera literatura, sobre todo si esta denuncia a los mercaderes y los titiriteros de lo cotidiano, ayer dictaduras, hoy democracias, mañana de nuevo gobiernos sección corporaciones hagamos de nuestra tierra una gran nación y ya nadie recuerda lo que ser nación representa. Miguel me recomendó que permaneciese en Bolivia, si es que al menos deseaba tener algún lector no contaminado por la desidia de lo políticamente correcto e impuesto. No lo sé, amigo, sinceramente, no sé si aquí encontraré lectores, pero me duelen los muchos que te faltan en la tierra ingrata que te vió nacer y te pretende desprestigiar al albur de los tiempos modernos. Tiempos de olvido. Debemos olvidar, no vaya a ser que los que hoy escriben la Historia recuerden el lodazal del que provienen. A eso te has dedicado, con fervor de filósofo y camaradería de ciudadano, amigo: a revelar la verdad y poner las cartas sobre la mesa con la artesanía de tu verbo valiente, sólo para hallar el disparo envenenado de quien no sabe más que disparar.

Con las cartas marcadas, ha decidido titular, la realidad (que no el autor), la última obra de un titán de las letras y el no hay vuelta de hoja. Porque con las cartas marcadas iniciaron este juego oligofrénico los adalides del todo vale. Un juego en que (tarde o temprano lo sabremos) perdemos todos.

Y decía al inicio que cambié el título, premeditadamente, a esta entrada. Sí, porque aquí, en Bolivia, en el tercer mundo, la artesanía se utiliza para la vida cotidiana y no se comercia en tendertes de comercio justo. Porque lo justo es utilizar las manos y la mente para sobrevivir la batalla indómita del día a día. Lo injusto es seguir disfrazando de exótico folklor los productos surgidos, con amor de siglos y sangre de milenios, de las manos de los artesanos. Así la prosa certera de Miguel que, lamentablemente, queda como exotismo en una España que hoy se apresta a la resaca del fútbol y la pleamar del voto mentiroso.

Y ahora... a votar: da igual lo que hagáis, los buenos nunca se presentan a las elecciones, la única elección que les queda es agachar la cerviz para:

a) sostener el yugo
b) recibir el tiro de gracia

Aquí, aún, es jornada de reflexión. Un servidor ha decidido reflexionar devorando las páginas de la verdadera Historia, esa que es juego que algunos inician con las cartas marcadas.

Salud, maestro!

2 comentarios:

  1. Adela Leonor Carabelli25 de mayo de 2014, 4:38

    Muy serio y bueno tu artículo, Pablo Cerezal...

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  2. Ciertamente nos perdemos en un desierto de banalidades, repitiendo historia con la baraja marcada por la etiquetas que nos arrastran.
    Como bien dices los buenos nunca se presentan, y yo añado; bajo el yugo de la guadaña nos quedamos con el culo al aire.
    Salud.

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te escucho...