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| Porcia hiriéndose en el muslo, de Elisabetta Sirani (detalle) |
vislumbres de El Dorado
jueves, 14 de mayo de 2026
padmasana inconforme
lunes, 20 de abril de 2026
samsara pedestre
no importa cuánto corras, siempre estará bajo tus pies».
Tú que me sostienes, que me hiciste, y aún, tambalear. Que ensayaste aprenderme a caminar. Dedo gordo o pequeño. Derecho o izquierdo. Duda irresoluble o desacierto. Sobre mis hombros cualquier peso si aún me sostienes. Sin ti no me sé levantar. La cama fulge negro y le juegas ajedreces al despertar. Uno y luego otro, hermanos que gemelos cuando arrullando en el vacío un salto anfibio e infinito como el universo. Me conducen hasta el cuarto de baño y me desean arrodillado. Después hasta la cocina soñando a fuego lento la memoria. Lo único que poseo. Pespuntes del deambular sin gloria. Azulada su raigambre de tanto correr extraño. Filigranando el abismo y desordenando la arena de una playa que muerde mi desnudo comenzando por ellos. Aprenderme el camino es lo que pretenden ya que son dos incluso cuando juntos. Becarios en pasillos aeroportuarios. Vigilantes en salas de museo que exhiben mitología de animales reacios al turismo y sus muestrarios. Desaprendieron el paso para desordenarme el rumbo.
Mis pies.
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| Los pies de Dalí apoyados en el vacío del cielo ampurdanés (detalle) |
martes, 14 de abril de 2026
pranayama gestual
Costura reversible de una calavera. Bandera pirata de la plena sonrisa. Máscara de puerco que recién ha hozado el barro limpio del milagro. En él ha hecho nido el crujir hélices de libélulas metálicas. Mariposas lo han rondado por trazarle pestañas a sus miradas de brisa, gaviota y jauría. Escarabajos han apelmazado lágrimas mejillas abajo. Pintura mapache del amanecer. Cuando la lumbre se despista. Tapiz de pupilas en que plantó rodillas el barro. Broma que ruboriza a los espejos. Reducto otoñal de mis cabellos. Cuando el labio todo sur de tan contrariado. Ha sido cautiverio de no pocas manos. Mechones de arena le han renombrado en calma los párpados. Noches que en jugo lo han embalsamado. Reptil sorprendido bajo luz de verbena. Ventisquero de los años. Expresión indecorosa del puñal que escarba el vientre en autopsia bella y trémula. Engranaje de gozos y daños. Músculo extirpado a un muslo para disfrazarlo de mandíbula. No aprendió a aparentar y quedó contra el espejo como pan desmigajado.
Mi rostro.
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| José Hierro por Alberto Schommer, cortesía de la red |
domingo, 12 de abril de 2026
mudras occidentales
Han visto aflorar entre sus líneas la voluble partitura del universo. Han desgarrado carne y han sido lamidas por algunos animales. Han despreciado los números y sus cuentas han logrado ser innumerables. Han buscado anzuelos en que clavarse sólo por ver si la tregua. Han acariciado sangre y me han tiznado de pulpa los labios. Han perdido una palabra en la punta de la lengua. Se han cuestionado su propia existencia mientras sepultadas en vientre. Me han tapado los ojos para que no escuchase el miedo. Laringe múltiple en que se expresan mis arterias. Se han soñado arte ensuciando el lienzo de lo ingobernable. Incapaces de sostener un arco pero hábiles esquivando flechas. Han tecleado suicidándose una y mil veces. Tal vez por eso se sienten invencibles cuando inútiles, como asimilando artritis, artrosis u orfandad de tacto/abecedario. Con sus terminaciones como anémonas nacidas de los mares que nos bañaron. No aprendieron a caminar y llegaron tarde a todos los cumpleaños.
Mis manos.
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| Francisco Umbral por Alberto Schommer, cortesía de la red |
martes, 24 de marzo de 2026
jilguero de perfil contra la suerte
coreografían cuerdas vocales lontananzas, anaqueles de un pañuelo rimando las formas de ese viento murmurado hacia adentro en el hueco que deja la luz cuando palabra
no por mentir la carcoma fulge menos nítido el tronar de las noches memoria, las respiraciones hondas, los límites de la piel, el mordisco en la clavícula y el masticar lo siempre fresco
tal cual humedad de verbo dictado al albur del mágico desvelo, inmenso en lo cierto de la respiración detenida cuando el penúltimo intervalo de lo siempre doble o nunca nada
pero atesoro días como milagros: aleluyamente, me sonríe y casi grita Munay, ¡acabo de inventarlo!, después de disfuncionarle con mi voz toda suya un navajazo de Vallejo
fueron versos, pero perdí el ritmo porque acabas de reinventar falanges que, occipitales, amansan el recuerdo de un perfil anfibio adumbrando contra las paredes antónimos de escapada
qué buscas papá un libro un lenguaje no sé tal vez agua olvidaste rellenar la botella tal vez noche tal vez caricia tal vez voz o un trago de aliento ya voy a lo hondo no temas ya duermo
lunes, 2 de marzo de 2026
ecografía volátil del verbo
Se me acumula la vida. Se me acumula tanto que no sé qué hacer con ello. Sé que sería fácil darle cauce. Sólo un tajo en la ingle y brotaría pleno de amaneceres repetidos y cantos no por ya rodados peor cantados.
Se me acumulan las caricias que aún no, y todos los terrenos que no dimos por conquistados. Se me acumulan vocablos que fermentan en mi vello con maneras de verbo recién inventado. Y bajo el forraje escueto de mi vientre: raigambre de guerrero y semilla de ariete. Las batallas y los podencos acariciando entre sus mandíbulas la musical dictadura del amo. La normativa siempre aceptada del dueño. Reorganización de tropas: generosas en su ofrenda de sangre mientras caminan debilitándose, con puños de fierro impostado, el pecho. Sin alimento más allá del polvo hecho senda que desordenarán con sus huesos. Como espráis de arte urbano cuando aún se sabía siniestro. O izquierdo. Que de la diestra ya sabemos. Pero con la derecha recompongo cada noche el engranaje en que esculpen perfecta contienda músculos y aliento.
Toda esta vida que me anida como feto.
Por cierto, aunque nada que ver conmigo en lo estético, justo por eso: qué hermoso es el feto de un elefante. Mi similitud tiene más que ver con los senderos y los días por delante. Aníbal y sus paquidermos, de los que únicamente uno pisó Imperio. Los guerreros que la historia dejó a la izquierda o el que entre las páginas de nuestra memoria continúa caminando bien derecho. El extrarradio o el centro. Elefantes africanos como cuando fetos iguales a la tanta vida que se me acumula dentro, en un punto indeterminado entre el labio inferior y el intestino grueso. Elefantes africanos, con una uña menos en cada una de las patas delanteras que sus hermanos asiáticos: Ganesha, qué fina estampa para iluminar cada inicio de camino nuevo. Una uña más en cada una de las traseras, danzando tamboril, los africanos. Océanos de por medio. Cuestiones del tiempo y el recorrido, procederes de la estirpe y la geografía. Y no por eso menos infecta cuando aún feto de elefante toda esta vida, decía, que se me acumula dentro, en un punto indeterminado entre el labio inferior y el intestino grueso. El otro labio, ese que vive en las nubes cuando no colma temblores, arrullos, sueños hondos o palabras que se dicen en cine mudo, ya sé mordérmelo mientras extraño los días festivos del trabajador espartano como paquidermo recién domado.
Los días regalados que el asalariado festeja atrincherado en la costumbre y la seguridad de lo cierto, bien sea sueldo o temperatura de hogar. Yo usaría cada uno de ellos como Aníbal, henchido de temores pero dispuesto a ensanchar, sin alharacas, las sonrisas y los nervios. Yo acariciaría cada uno de ellos como elefante recién nacido en tropiezo. El caso es que ni jornadas festivas tengo. Porque no hay salario que gastar ni respiración que celebrar y sólo aprieto los puños para comprobar cómo se me desangra un océano entre los dedos. Sal e improperio, cicatriz descosida con una radial. La mar, allá tan lejos para mí, hombre de tierra adentro, muñón de elefante, siempre supuso una suerte de cartomancia. Voltea la carta que traes bajo tu manga de espuma y redundancia. Si se la lleva la resaca espero me repitas la oportunidad de otra jugada, señora de las multitudes: acuática Ganesha.
Porque se me acumula la vida. Se me acumula tanto que no sé qué hacer con ello si no lo regalo, bien sea en tanto galopar palabras que, como las vidas, se quieren soñar pájaro sabiendo que darán en gusano.
sábado, 31 de enero de 2026
doble o nada
porque el muerto me crece, como un amigo triste,
y revuelve mis cosas sin interés ni gana».
He decidido invitarle una caña, a mi condenado tantas veces ejecutado. Reiremos brindis mientras la cerveza le abre acequias a nuestros labios. Desde pequeño me enseñaron que siempre hay motivo para celebrar. Quizás, cuando nos hayamos fumado un petardo, le invite a bailar. Sé que él nunca me perderá el paso.
Silba el viento y ruge su aliento de futuro colonial entre mis párpados mientras mi condenado me dice que no son ojeras sino ojos acostumbrados a mirar cómo desde el cielo caen ranas en aguacero con vocación de alcantarilla. Nos abrazamos y sonreímos y compartimos un cigarro sin dejar de preguntarnos si ese es, realmente, nuestro último deseo. Nos sabemos tan mentirosos como carne de presidio y nos respondemos que no mientras inauguramos un nuevo baile.
Miento, lo comprendo, porque sólo espero que no me abandone aún. Él también es pura farsa. Por eso ríe al recordarme que de vez en cuando no viene mal perder la cabeza.
martes, 30 de diciembre de 2025
una nueva vuelta
Soy un hombre que cocina, se prostituye para contabilizar pérdidas más que ingresos y castiga su cuerpo pretendiendo mantenerlo a salvo en lo hondo de una mens sana que ni de lejos.
Soy un hombre que se abraza a un niño en la noche, y a unas páginas, un sueño vívido o una almohada con maneras de hembra que la recompuso mientras otros temen una invasión almohade.
Soy un hombre que sueña despierto recuerdos de lirio, muslo, saliva y verso libre que le certifican que solamente es un reloj lo que ha muerto.
Soy un hombre que pierde trenes para descarrilar pupilas una y otra vez sobre los mismos párrafos sin ánimo alguno de acumular nuevas páginas bajo las bolsas que acarrean sus párpados.
Soy un hombre que se acaricia la piel para descubrir que no merecería tal nombre si no hubiese sido tallada por distintas manos. Un hombre que canta imaginándose océano a pesar de saberse mero accidente.
Soy un hombre que se sirve otra copa de vino que no debiera permitirse, dirán otros. Un hombre sin miedo que se sigue reconociendo el más afortunado del universo y sabe que porque sueña no lo está, aunque sí, de nuevo, dirán otros.
Sigo siendo un hombre que cocina, se prostituye, degusta vino como si de otros labios, se masturba como si de otras manos y sabe olvidar a tiempo la contabilidad de los años quebrados y las monedas que no llegan.
Soy un accidente que en 2025, a duras penas, supo mantener a salvo múltiples vidas. Un hombre que en 2025 ha sabido sortear el abismo a pesar de haberlo recorrido desde el interior de sus propios intestinos.
A ver lo que lográis hacer con, y hacen de vosotros en, susurra, este hombre, a las multitudes que lo habitan, este inminente 2026.
¡Salud!, aúllo, aunque sea un nuevo brindis al sol. Ya sólo por eso y porque seguimos danzando sin riendas hasta el final del amor habrá merecido la pena.
¡Salud!, aúllo, mientras calco danza de sílaba bilabial para silbar mi renovado deseo de año nuevo. Que sea pleno el vuestro y logre despertar una sonrisa. El universo os lo agradecerá. También el océano.
lunes, 17 de noviembre de 2025
midnight on the bay
... vengo de una medianoche acunada a lomos de bahía norteña... de un atardecer que huele a café recién acunado al mimbre de un sueño... aunque sólo debería prepararse por la mañana, lo sé, Arábica me ruge aún la piel y el paladar... y sé que sólo debería prepararse en la mañana, cuando papilas y pituitaria vienen atropelladas de exceso que, en el remolino opaco del café, como en el sin color de la lavadora, debería quedar bien adecentado... como las culpas que se centrifugan para nunca quedar aniquiladas... mira, espantado, cómo se amarran a un retazo de sueño que delineará montaña rusa en las tecnologías de los tiempos obligados a caminar el cable funámbulo de una vida sana... mientras, afilo el olfato y me pregunto por qué no brillan mis uñas igualmente afiladas... tal vez porque su cutícula ya se ha otorgado nacionalidad de temperatura blanca... tan blanca como ese ruido que nos arrulla en la huida negritud de unas sábanas soñándose sombra en escapada cuando el blackout de lo cotidiano... cada día una fiesta, me advierte el olfato y me pregunta, mirándose al reflejo ojeroso que escupe el espejo: si no, de qué otro día... para qué si al amanecer las sirenas no tienen dedos en los pies y no caminan la cuerda floja...
sábado, 1 de noviembre de 2025
naufragio del poema
«Las secciones rítmicas son criaturas muy sensibles»
John Paul Jones
No hay más copa que la del sostén de los pechos del verbo. Todo lo demás es literatura y, por tanto, engaño.









