viernes, 20 de septiembre de 2013

poemas de la quietud (paseando con Brel y Bowie las playas de Bolivia)

(OJO: esta entrada tiene música, como siempre, al final...y es buena memorable inolvidable...así que no es preciso leer...escuchar, en este caso, será más productivo)

Aseguran los bolivianos que, cuando la pleamar de la borrachera amenaza con descubrirles náufragos de ojos como globos y oculares globos de alcohol, pueden lamentarse sin control y sentirse, llorosos de ebriedad, ebrios de pena, cual supervivientes únicos de un naufragio de sangre a la orilla de una isla desierta: la que no acuna las olas al costado de las costas que no existen en Bolivia.

Hubo una vez un belga que logró que los mejillones de las cocinas de sus compatriotas abriesen la boca por siempre y que éstos decidieran cerrarla definitivamente para ni parecer que pretendían hacerle sombra, al hablar. Jacques Brel lloró con chubascos de garganta y timbre las miserias de un anciano pescador que paseaba el puerto de Amsterdam al ritmo de su propia resaca de mareas y licores. David Bowie, años más tarde, encogió la voz de Brel y ladró a la luna de los melancólicos que se pretendían andróginos y los machos que se quisieron borrachos, pidiendo más pescado, más pez, más oscuro, más llanto .... y yo una vez más me abandono a su fraseo enfermizo y delicado llorando y gritando y, añorando el mar que no puedo divisar desde las costas inversas del altiplano, solicito al menos un océano de cartón piedra en que hundirme ... para no seguir llorando. Es entonces que comprendo lo que siempre he llamado "la absurda petición de mar por parte de los bolivianos".

Al final, creo, Brel sólo venía a decir esto: el mar no es más que el desagüe de las esperanzas fracturadas

soñé una explosión de espumas
un fragor rojo tormenta
coral sangre azul bravura
que me encendiese la líbido
antes que la pérfida edad
la declarase caduca
(a pesar del alma)

hoy desfilo esquivos senderos
de polvoriento almizcle y grava
donde el deseo es sólo sueño
y la vida trazas de tumba
en que se enredan las costras
de expolio y fe de esta tierra
en cuyas ausentes costas
redundan las olas de un mar
que reclama su tributo
de dolor
sangre
y espuma
 
y al otro lado
(siempre al otro lado)

me espera la ilusión
de seguir adelante
a pesar de las furias
los ruidos
los años
los besos
y beberme cada noche
el mar que no he digerido

mi naufragio de impotencia

mi corona de salitre

mi pleamar de chiste

mi soledad de alga fresca

                  

1 comentario:

  1. ahora que vienen las mareas vivas, encontraremos el mar para los bolivianos y los peces muertos de infidelidad.

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te escucho...