viernes, 29 de mayo de 2026

vishuddha lenguaraz

«Alguien estaba antes que yo en mi abrevadero,
Y yo, como un segundo en llegar, esperando»
D.H. Lawrence

Agujero de gusano en que juega la palabra. Vórtice del deseo. Nuez de Adán que perdió el paraíso. Vehículo en que viaja el infierno. Caverna de mi lenguaje. Secuestro de lo no dicho. Rotura musical de todos los desayunos. Tobogán de salivas y otros jugos. Frutería del lamento. Ay recién nacido. Alumbraste vocalizaciones a la dicción y dijiste Amor. También Hijo, siempre piel y enmudeces como paloma con maneras de Espíritu Santo. Afónica cuando te vibra muda la orquesta del miedo. Radiofonía grave. Gravedad de la respiración cuando quebrada. Pozo ciego del lenguaje que se necesita estar. Caudal a caño roto del expresarme. Despeñadero del poema que teme dar el salto. Timbre de la llamada que nadie escuchará. Nocturnidad del verbo esparcido hacia dentro y a espuertas. Alevosía de tu aliento. Recipiente del regadío que aún sueño, en una cama o un cuarto de baño. Te brotó una orquídea salvaje, burlándose en grito blando de la infinitud del universo y la creatividad de un dios perplejo. Aúlla, cada noche.

Mi garganta. 

Cuello de Lee Miller,
fotografiado por Man Ray antes
de que pronunciase el daño en la bañera de un búnker




 

jueves, 14 de mayo de 2026

padmasana inconforme

«...la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío».
Federico García Lorca

Taquicardia del amor sin bridas. Eje dislocado en duplicidad sosteniendo el compás del universo. Refugio de los dientes en que aprendí a sangrar. Alumbrar de lirios de un sólo pétalo que se vino a enredar, como un verso de Lorca o una lengua loca, en la espesura de su vello montaraz. División de ramblas góticas. Panorama de las caminatas y vertiente de las escapadas. Buril de las huidas. Temblor de la puerta en que desembarcan los cielos para desordenar un aeropuerto. Sutil locomoción de mi única verdad. Auge del caminar. Ramaje lento de mis pies. Alvéolo pulmonar de mis tobillos. Pulmón de todas las escaleras que subí para escapar del frío antes de asomarme al abismo. Arco bajo el que fluyen los ríos del deseo. Palidez bajo la espesura. Rincón en que escondí fatigas y ternuras. Regato de humedad oculta a las miradas no compartidas. Oprobio del pantalón pijama que no comprendió sus gimnasias. Oráculo de mis paseos por el mundo que me fue permitido soñar. Yo también los sé apuñalar.

Mis muslos.


Porcia hiriéndose en el muslo, de Elisabetta Sirani (detalle)