«...la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío».
Federico García Lorca
Taquicardia del amor sin bridas. Eje dislocado en duplicidad sosteniendo el compás del universo. Refugio de los dientes en que aprendí a sangrar. Alumbrar de lirios de un sólo pétalo que se vino a enredar, como un verso de Lorca o una lengua loca, en la espesura de su vello montaraz. División de ramblas góticas. Panorama de las caminatas y vertiente de las escapadas. Buril de las huidas. Temblor de la puerta en que desembarcan los cielos para desordenar un aeropuerto. Sutil locomoción de mi única verdad. Auge del caminar. Ramaje lento de mis pies. Alvéolo pulmonar de mis tobillos. Pulmón de todas las escaleras que subí para escapar del frío antes de asomarme al abismo. Arco bajo el que se bañan los ríos del deseo. Palidez bajo la espesura. Rincón en que escondí fatigas y caricias. Regato de humedad oculta a las miradas no compartidas. Oprobio del pantalón pijama que no comprendió sus gimnasias. Oráculo de mis paseos por el mundo que me fue permitido soñar. Yo también los sé apuñalar.
Mis muslos.
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| Porcia hiriéndose en el muslo, de Elisabetta Sirani (detalle) |
