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miércoles, 22 de julio de 2026

daruma incompleto

«Abro los ojos en lo oscuro: solo
yazgo, desterrado en la noche».
José Manuel Caballero Bonald

Pareja de baile a que los años pierden el ritmo. Miseria y pureza las habéis barrido, como Scorsese en travelling alocado. Se rev/belan fieros, en el cuarto oscuro de vuestro envés, los fotogramas de la Belleza. Aún digerís la decadencia. Confundís las distancias. Sorprendéis pinturas de guerra cercando vuestra posición cuando el nuevo día muerde espejos. Heredasteis una lágrima que distorsiona el concepto cristiano de esperanza. Pero mantenéis la fe porque habéis contemplado el perfil más benévolo de un dios. Sois el guardián del lomo en descanso de mi hijo. Recorristeis horizontes violentando fronteras. Siempre cambiando el cristal por ver si los fantasmas con forma de letra lucen mejor. Ya no combáis pestañas. Pareja de cartas trucadas, perdéis la partida, cada día, en una nueva página. La recorréis una y otra vez para ejercitar una memoria en proceso de demolición. Sois el acordeón de lo vivido. Aprendices de pintor cinquecento. No alzáis el pincel porque sólo vosotras sabéis que Venus sigue naciendo.

Mis pupilas.

Fotograma de Un perro andaluz, de Luis Buñuel


miércoles, 1 de octubre de 2025

voz de ti o la cara oculta de la gravedad

«El cocodrilo astronauta soy en órbita lunar»
Bunbury

Has desgarrado el techo al paladar de un recinto ferial reordenando el campanario de los daños que ya fueron, tu voz redoble desaforado ignorando un ceda el paso a todos los instantes detenidos. Y Dalí añadiendo una letra a su Ivànovna sólo por nombrar el Amor, círculo cuadrado en letras impares, sílabas pares, Munay, has cantado y saltado todo sonrisa como recién brotada del cuerpo cavernoso de una seta, dientes adoctrinados en el alambre funambulando los bordes de una balada al bies de un escenario. En tus pupilas han vibrado mi exceso de noches sin sueño y el nervio del afeitado cuando tajo de sal revela linotipia hindú al parpadeo. Bindi en mi testa sin corona de cabello el mordisco termonuclear de tu iris cuando tan cerca que sólo universo. Y después preguntarme si esa canción es de sus preferidas. La curiosidad mató al gato, pero Angiebook está a salvo. Adivinas lo que nunca te dije. O me miento, pero adivinas porque divinamente me examinas sin que yo llegue siquiera a advertirlo, hijo. Es muy Bowie, me dices, y yo me pregunto si te refieres a él o a quién y cómo es posible que lo comprendas y, a la par, abraces mi desmembrarme cuando intento yo comprender ello y hoy o aquí y ayer o esto y antaño y piel o mañana o qué. Lady Blue aullamos asomados al huracán sólo para comprender que nada se fue porque nunca lo soltamos mientras una estrella guiña el ojo que no le tajó Buñuel y tú me dices que es como el que le dañaron, de niño, a David. La voz a ti debida, susurraba el poeta. O es la piel, que me enloquece, decía otro que me acabo de inventar. O es que la piel es de quien la eriza, inventaron que decía otro más. La piel, como la voz, tan de espina y envés, tan de sutura y su revés. Y mientras, la voz que nos debemos sin obligación ninguna más allá de la que nos dicte la sangre cuando sea tropel de palabras que podríamos considerar poesía. La voz que te debo es liviana como la piel. Igual de profunda. Todo es liviandad a pesar de su peso y los astros orbitan alrededor de un arpegio que se quiebra en tu voz niña. Todo es quietud tersamente sostenida por las nubes tiburón que, cuando dentición seccionada por el espacio acordonado del recreo, obligan a cuestionarnos si contemplamos atmósfera o cielo. Eran azules los ojos de Bowie, ¿verdad, papá? Sí, claro, azul claro, o tal vez oscuro. Entonces no es blue. No, el blues es azul y porta perfil de melancolía, pero conjuga con el verde los verbos de la mar para enfurecer al cielo que, cual dios airado e impotente sólo alcanza a extirparles el añil que anida tu paladar azul y rosa  como aquellos pigmentos que transitase Picasso y nunca supo acertar Dalí en sus lienzos. Todo es color cuando te contemplo asalvajado. Y pienso en aquellos dos demiurgos y me pregunto tantas cosas. Cosas. Es hermoso recurrir a la nada del lenguaje cuando no sabe nombrar y sólo dice: cosas. Mirar cosas. Quemar cosas. Todo aquello que carece de cuerpo se convierte en cosa, pero aquí hay cuerpo, vértebra y arteria, entre nosotros nudo que no se desatará en ninguna caverna. Nudo que no fosa. ¿Éramos dos, uno, tres? El bardo se desgañitaba. Santísima Trinidad de la garganta que se viene desde adentro. Beat-itud mientras actitud la tuya cuando peluche entre las sábanas que, de nuevo, olvidé pertrechar contra el augurio del invierno. Que ya refresca por la noche, papá, y más cuando amanezca. Lo sé. Lo sé, pero comprende tú también que aún sabemos domesticar la temperatura y detener la gravedad. Así es ahora como lo ha sido, ya fue, en este karaoke emocional que nos acabamos de regalar parasiempre.

Gala/Dalí revisitada/os por Munay


miércoles, 9 de julio de 2025

pesadilla de Hamlet

Lou Reed escucha «Danger bird» derrumbado en el epicentro de un salón que, para quien no sepa mirar, podría parecer un ring. Lorca seduce el vuelo de un colibrí cuando ebrio declamando entre sus cejas ese poema que te cruje las costillas con un solo cuerno. Gritan quedo melodías amartillando el martillo de una orejita en que vierte hormigas BuñuelCristo pasea llagas por el empedrado del Albaicín mientras Rachid Taha tatúa su piel con licores de extrarradio torpemente escanciados sobre las pistas de un asesinato. Neil Young esculpe una sinfonía de huesos metacarpianos sobre la barra del bar Ruiz mientras ordeña una yegua y ordena otra cerveza. César Vallejo le juega todo visto a la parca en una nueva ronda por rescatar tendones con que escribirte una oda. Ginsberg desenreda madejas en su garganta para aullarte noches en que saboreabas el no querer dormir ya que ellas no te dormían a ti. Umbral teclea tu mirada para mejor tejerse una nueva bufanda.

Un reguero de sudor detiene en violenta redada fotogramas de pupila por la espalda al filo de un coxis que escu(l)pe erecciones a aquel y este verano. Sueño tantas veces soñado. Crimen tan clamorosamente perpetrado. Masaje truncado. Cabellos aprisionados y un caballo sin doma a lomos de jinete que perdió el norte en el sur de todos tus extrarradios. Un sueño siempre es maroma costera, pasado, pretil o posibilidad. Una sábana forjada en santidad desgarrada por la mordida de tu perfil. Incisiva y canina como perro de la noche. Decisiva y felina como el maullido más febril.