lunes, 20 de abril de 2026

samsara pedestre

«Nuestra esencia es como una sombra bajo el sol del mediodía:
no importa cuánto corras, siempre estará bajo tus pies».
Salvador Dalí

Tú que me sostienes. Tú que me hiciste, y aún, tambalear. Tú que ensayaste aprenderme a caminar. Dedo gordo o pequeño. Derecho o izquierdo. Duda irresoluble o desacierto. Sobre mis hombros lo que quieras si tú me sostienes. Sin ti no me sé levantar. La cama fulge negro y le juegas ajedreces al pasado. Uno y luego otro, hermanos que gemelos cuando acunando en el vacío un salto de rana infinito como el universo. Me conducen hasta el cuarto de baño y me desean arrodillado. Después, hasta la cocina soñando a fuego lento los recuerdos. Lo único que poseo. Pespuntes del deambular cansado. Azulada su raigambre de tanto correr extraño. Filigranando el abismo y desordenando la arena de una playa que me muerde el desnudo comenzando por ellos. Aprenderme el camino es lo que pretenden. Becarios en los pasillos de un aeropuerto. Vigilantes de sala de museo en que mitología de animales que nunca dan la cara en los muestrarios del turismo low cost. Desaprendieron el caminar para desordenarme el rumbo.

Mis pies.

Los pies de Dalí apoyados en el vacío del cielo ampurdanés (detalle)

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