lunes, 2 de marzo de 2026

feto de elefante

Se me acumula la vida. Se me acumula tanto. 

Sé que sería fácil darle cauce. Sólo un tajo en la ingle y brotaría plena de amaneceres repetidos y cantos no por ya rodados peor cantados. 

Se me acumulan las caricias que aún no, y todos los terrenos que no dimos por conquistados. Se me acumulan vocablos que fermentan en mi piel esquirlas. Y bajo el forraje escueto de mi vientre, raíces de guerreros y semillas de lanza, las batallas y los podencos acariciando entre sus mandíbulas la firme dictadura del amo. La normativa siempre aceptada del dueño. Reorganización de tropas generosas en su ofrenda de sangre mientras caminan blandiéndose con los puños el pecho. Sin alimento más allá del polvo hecho sendero en que habrán de dar en muerto, como brochazos de arte urbano cuando aún se sabía siniestro. O izquierdo. Que de la diestra ya sabemos. Pero con la derecha, lo lamento, recompongo cada noche el engranaje en que esculpen perfecta contienda los músculos y el aliento. 

Aníbal y sus elefantes o las espartanas Termópilas. El guerrero que la historia dejó a la izquierda o el que entre las páginas de nuestra memoria continúa caminando erecto. El extrarradio o el centro. Elefantes africanos como yo cuando aún feto y no por eso menos infecto de tanta vida como se me acumula dentro, en un punto indeterminado entre el labio inferior y el intestino grueso. Elefantes africanos, con una uña menos en cada una de sus patas delanteras que sus hermanos asiáticos. Una más en cada una de las traseras. Cuestiones del camino y el asedio, procederes de la estirpe y la geografía. Y no por eso menos infecta cuando aún feto de elefante toda esta vida, decía, que se me acumula dentro, en un punto indeterminado entre el labio inferior y el intestino grueso. El otro labio, ese que vive en las nubes cuando no te colma, ya sé mordérmelo mientras extraño los días festivos del trabajador espartano. 

Los días regalados que el asalariado festeja bien atrincherado en la costumbre y la seguridad de lo cierto. Yo usaría cada uno de ellos como Aníbal henchido de temores, pero ni jornadas festivas ya tengo porque no hay respiración que celebrar y sólo aprieto los puños para comprobar como se me desangra un océano entre los dedos. Sal e improperio, la mar. Allá, tan lejos para mí, hombre de tierra adentro, muñón de elefante, siempre supuso una suerte de cartomancia. Voltea la carta que traes bajo tu manga de espuma y temblor. Si se la lleva la resaca espero me des la oportunidad de otra jugada. 

Porque se me acumula la vida. Se me acumula tanto que no sé qué hacer con ello si no lo regalo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

te escucho...