«Alguien estaba antes que yo en mi abrevadero,
Y yo, como un segundo en llegar, esperando»
D.H. Lawrence
Agujero de gusano en que juega la palabra. Vórtice del deseo. Nuez de Adán que perdió el paraíso. Vehículo en que viaja el infierno. Caverna de mi lenguaje. Secuestro de lo no dicho. Rotura musical de todos los desayunos. Tobogán de salivas y otros jugos. Frutería del lamento. Ay recién nacido. Alumbraste vocalizaciones a la dicción y dijiste Amor. También Hijo, siempre piel y enmudeces como paloma con maneras de Espíritu Santo. Afónica cuando te vibra muda la orquesta del miedo. Radiofonía grave. Gravedad de la respiración cuando quebrada. Pozo ciego del lenguaje que se necesita estar. Caudal a caño roto del expresarme. Despeñadero del poema que teme dar el salto. Timbre de la llamada que nadie escuchará. Nocturnidad del verbo esparcido hacia dentro y a espuertas. Alevosía de tu aliento. Recipiente del regadío que aún sueño, en una cama o un cuarto de baño. Te brotó una orquídea salvaje, burlándose en grito blando de la infinitud del universo y la creatividad de un dios perplejo. Aúlla, cada noche.
Mi garganta.
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| Cuello de Lee Miller, fotografiado por Man Ray antes de que pronunciase el daño en la bañera de un búnker |

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te escucho...