sábado, 20 de junio de 2026

dibba-sota sin oriente

«Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno...».
Arthur Rimbaud

Sarcófago en que sollozan las carcajadas. Columbario de otras lenguas. Hogar de lo inhabitable. Espejo deformante del alarido. Callejón de gatos que maúllan atlánticos. Caracolas cantábricas. Caracoles sin hueso. Hormigueo de los sueños. Coctelera de sílabas que sisean, músicas que serpentean. Obviedad decadente de la edad. Redil de párrafos sin escribir. Auriga crepitante del aullido en que la piel enmudece. Hogar del poema. Berbiquí que taladra presto a inocular terciopelo azul en mi cerebro. Sala acolchada del ruido. Babel de sinsentidos. Pabellón psiquiátrico del latido. Guarida de lenguas que, sin decir nada, expresan el todo. Suburbio de ronquidos que desorientan las baldosas. Maelström que devora el taconeo de unos párpados forjados en incendio. Refugio antiaéreo cuando libélulas cambian de sexo para acudir al carnaval con disfraz de helicóptero. Sonajero de fantasías. Estrofa final del abecedario. Sordera de lo prescindible. Caverna en que el verbo juega a ser Platón. Cerebro platónico del sexo.

Mis oídos.

Instante en que David Lynch decidió ampliar el campo de batalla

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te escucho...