a veces me recuerdo que estoy vivo, a veces
me recuerdo y me contemplo desde mis pies de niño
en ocasiones, tantas como repentinos despertares,
me creces y en ocasiones alzo mis dedos
tras comprobar en ellos la humedad de tu ausencia
cuando me hiero y mano este plasma al que llamo verbo,
y a la piel presencia digo hondo y olvido su recorrido
como de tanto en tanto temo haber olvidado el mapa
de la voz que astilla y me arranco dardos, rencilla
del tiempo, del pecho para volver a clavarlos indolente,
comprobar si todavía sangro un arriesgado
contratiempo que con sus penetrantes garras
de oso por detrás y al viento de una mañana canadiense
te incite a contemplar la carnicería justo antes
de que te vuelvan a temblar calma, sutil y sucinta
la mejilla otra, esa que nunca te pedí y jamás te deseo
a veces me recuerdo y me doy miedo, porque
me recuerdo a solas y dejo de comprender el recuerdo
