sábado, 15 de agosto de 2026

Turner revisited

«Yo soy sólo mi perfil.
Cuando la nieve cae, de mi rostro
nada se ve.
(Variante)
Yo soy sólo mi perfil.
Cuando la nieva cae de mi rostro
nada se ve».
Leopoldo María Panero

He sobrevivido a los naufragios de la saliva, a la cólera indolente del corcel sin dueño, a la duda inexorable del día a día, al hambre alumno que torna profesor para enseñarte cómo alimentarlo para que no desfallezca, al cuchillo de los días de muslo y fiebre, a la voracidad de las noches sin luna y a los amaneceres con disfraz de presidiario. 

He sobrevivido a la danza ignorada del cosmos y en ella he buscado refugio, en más de una ocasión: en el pestañeo de una sílfide con forma de luciérnaga, en el borboteo casi regadío de las noches de lluvia, en las pertinaces exequias de los luceros hastiados de albas que no los reivindican.  

Pero me faltan fuerzas para agarrarme al madero de este naufragio que me dibujas, cada día, reptil de sonrisa, alacrán de caricia, pestañeo de amanecer que se repite sin ti y por eso se desenreda en hilo de sangre que ni Ariadna desearía.

He sobrevivido a los tumultos del horario ceñido, a los vendavales de estanques huérfanos de pato, a los sortilegios brutales de patas de conejo extirpadas para condonar todas las deudas, a los festivales de la paciencia, los velatorios de la fraternidad y los límites exorbitados de la consciencia, la furia aplacada, pero siempre plena. 

He sobrevivido a los días pasados, a su álbum de familia, al desayuno de neuronas en que se deshilacha la memoria, a la noria de los días color frambuesa y a los amaneceres que juegan astros contra las paredes del Albaicín para hacerle coro a los pasos que no saben dónde ni por qué terminan.

Pero me falta energía para golpear la lápida, para brotar de entre la tierra las garras de mi voz cada mañana congregando la sonrisa mientras contemplo tus dedos jugando sobre un papel que ignora el negro cuando todo naufragio viene henchido en color de viento.

© Munay


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